Curso Art Decó
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Curso Art Decó

Curso Art Decó
Curso Art Decó

Actividad 1.1.
Actividad 1.2.
Actividad 1.3.
Autoevaluación
Actividad 2.1.
Actividad 2.2.
Actividad 2.3.
Autoevaluación

Autora: Luz María Cortés Navarro
Unidad 1. Art Decó
Definir un objeto puede convertirse en una tarea sencilla o complicada dependiendo del campo de estudio, pero tratándose de dar explicación a un modo de vida es algo prácticamente imposible, ya que sólo se logra en el mejor de los casos un pequeño acercamiento a la inmensidad que implican las vivencias de una generación. Con respecto al art decó, esta tarea es ardua, pero con la ventaja de la cercanía en el tiempo y con el del acervo de elementos a nuestra disposición para su uso. Siguiendo los testimonios que se tienen para realizar una aproximación, es inquietante no aceptar el reto y dejar pasar de lado la oportunidad de hacer una introspección en un período importante del bagaje cultural de la humanidad, en el que el arte, la ciencia, la política y la filosofía tenían un punto antagónico de convergencia. Es por este motivo que en el presente capítulo se aborda ampliamente al art decó en todas sus manifestaciones, buscando establecer una idea sobre la esencia y presencia de éste.


ANTECEDENTES
Los años de la belle epoque donde existía un orden que regía las cosas de la vida, haciendo que todo pareciera tener un lugar y un tiempo adecuado, se fueron a pique al igual que sucedió con el Titanic, al chocar contra el “iceberg” histórico de la Primera Guerra Mundial. La aparente fluidez de los acontecimientos se ve minada poco a poco por la búsqueda de un camino que ofrece oportunidades más equitativas al grueso de la población para alcanzar un mejor nivel de vida, por lo que no sólo en el plano político y social, sino también en el artístico hacían su aparición corrientes que respondían a estas inquietudes.

El anarquismo, pero sobre todo el marxismo, fueron los principales protagonistas, a un grado tan evidente que su influencia se dejó sentir en las manifestaciones artísticas de la época. Tal es el caso del movimiento Ars and Crafts cuya búsqueda se centraba en rescatar del trabajo árido de la fábrica al obrero, por medio de la renovación de las artes dando a la producción en masa un toque creativo. Esta renovación consistía en desdibujar la línea que tradicionalmente separaba al arte de la artesanía, la cual enaltecía a unas producciones como bellas artes mientras supeditaba a otras la simple denominación de artes decorativas.

La utopía de William Morris y John Ruskin que se inicia en Inglaterra hacia 1866 fracasa en su aspecto social, pero no así en su propuesta artística, la cual incorporaba los beneficios de los avances tecnológicos al nuevo estilo, en que el predominio de las formas vegetales del gótico y del arte japonés se fundían en sinuosas líneas que armonizaban con la naturaleza. El Arts and Crafts decayó, pero su fundamento estético dejó honda huella y evolucionó hacia la decoración funcional que implicaba el art noveau.

Esta vinculación entre el arte y la producción en masa determinó en gran medida el origen de este nuevo movimiento, pues la experimentación estética tuvo su mayor apogeo en los lugares más industrializados de la época, tal es el caso de Bélgica, donde Víctor Horta y Henry van de Velde fueron los pioneros del art noveau. Pronto este lenguaje artístico se extendió por otros centros europeos del mismo calibre, como por ejemplo Nancy (Francia), donde Emile Gallé fundó una escuela en la que conjuntó a artistas de diversas disciplinas que produjeron obras que resumirían los parámetros fitomórficos y curvilíneos del art noveau.

El trabajo de Van de Velde fue elemento crítico en la Alemania de esa época, en la que la propuesta artística se manifestó como jugendstill, palabra que sirve para designar la juventud de la propuesta.

La labor entre artistas y artesanos hizo que la presencia del art noveau se sintiera en varios niveles, tanto en la arquitectura, como en el diseño de muebles, lámparas, joyería y gráfica entre otros. Lo anterior propició que a la esfera de su influencia no escaparan otros países, en los cuales el art noveau recibiría una denominación local que no desvirtúa en ningún caso las características propias del estilo. Además de los términos ya mencionados, está en España el modernismo, en Inglaterra el modern style, en Italia el liberty y en Holanda el nieuwe kunst.

Si bien todas las corrientes de la época correspondían a una misma búsqueda siguiendo lineamientos muy parecidos entre sí, en Glasgow[1] surge un movimiento cuyas bases se enmarcan en estos principios, pero que toma una vertiente muy particular que lo convertiría en un estilo de transición hacia otro más moderno conocido como art decó.

En la atmósfera de esta ciudad, Charles Rennie Mackintosh, Margaret, Frances Mac Donald y Herbert Mac Nair forman un núcleo no sólo familiar, sino también una comuna artística que busca su propia respuesta a las inquietudes estéticas del momento. Hay por supuesto un rompimiento con los cánones de la academia, pero en esta ruptura las líneas y cuerpos geométricos se unen a las formas vegetales y a las curvas del art noveau en forma intrínseca. La perfección del estilo consiste precisamente en alcanzar el mayor potencial del diseño con base a su función, aprovechando los detalles decorativos no como añadidura sino más bien como un modo de lograr su utilidad.[2]

La funcionalidad ornamental que persigue Mackintosh lo sitúa en el art noveau, pero la aplicación lineal y geométrica de que se vale en sus diseños lo ubica más allá de este movimiento. Ejemplo de esto es la Escuela de Artes de Glasgow, donde el exterior rígido del edificio se rompe con la asimetría del interior, logrando una unidad estilística que será considerada más tarde como precedente del art decó.

La original propuesta de la Escuela de Glasgow impactó sobre manera a los artistas de la Secesión Vienesa, que ya venían experimentando con diseños donde el manejo de formas lisas y cuerpos cúbicos tenía papel preponderante en la producción artística. Dentro de este movimiento, surgió el Wiener Werfstätte, taller artesanal en el que a diferencia de los surgidos en otros países, se distinguió por la utilización de formas geométricas sobrias cuya belleza radicaba en la simplicidad del resultado obtenido.

Es en esta atmósfera donde Josef Hoffman desarrolla el Palacio Stoclet, en la que el art noveau se disuelve prácticamente hasta desaparecer para dejar lugar al art decó, convirtiéndose así en el primer ejemplo arquitectónico enmarcado en este estilo.

En Italia surge el futurismo, el cual en todas sus manifestaciones (pintura, escultura, literatura e incluso cocina) se advierte en la tecnología el leitmotiv de su estética. La máquina, el movimiento y la velocidad quedan presentes, pero a diferencia del cubismo donde el individuo es el que se mueve con respecto de la obra, en el futurismo el objeto es el que cobra movimiento, de ahí que se presente al objeto como si se desplazara en el plano.

La efervescencia creativa que imperaba en la época da cabida al expresionismo, que en la arquitectura se manifestaría como una obra cargada de misticismo que se alimentaba no sólo del espíritu de sociedades secretas como la de los rosacruces o la masonería,[3] sino también del exotismo de antiguas culturas como la egipcia y la india, donde la monumentalidad de las obras está cargada de simbolismos.

Esta filosofía se plasma arquitectónicamente en el manejo de la luz tanto natural como artificial, la cual busca la iluminación (espiritual) y la transparencia (pureza) de la forma (la esencia), a tal grado que desde la contemplación exterior del edificio se perciba el interior de éste como una unidad plástica, en la que el uso del concreto reforzado permite la monumentalidad (elevación) y en la que el color (reflejo de la luz) le da vida.

Este movimiento tiene su origen y auge en Alemania; donde a la llegada de la Primera Guerra Mundial, la arquitectura se refugia en el cine, el cual como medio de propaganda política, recibe la canalización de los escasos recursos con que se contaba en esos años. Paradójicamente a los fines perseguidos por los arquitectos en el mundo real, éstos tuvieron que sujetarse en el ámbito del cine a la realización de su obra, con un manejo de luz y sombra igual al que llevarían a cabo en una construcción de verdad, pero donde la monumentalidad del edificio se vería reducida a la de las maquetas de las escenografías y telones de fondo. No obstante lo anterior, esta arquitectura ficticia era de un gran valor expresivo, el cual influiría más tarde en la conformación del estilo art decó.

En la escuela de Ámsterdam el expresionismo aportaría un matiz escultórico a la arquitectura, que más tarde se vería reflejado en los años veinte y treinta. En contraposición a esta escuela, en Rótterdam aparecería el de stijl que rechaza la ornamentación y busca la utilidad por sobre todas las cosas; este movimiento es precursor del funcionalismo, pero aporta al art decó el uso de la línea recta.

A partir de la situación mundial que se desataría en 1914, los valores estéticos, filosóficos y morales cayeron en crisis, sumándose a la nueva realidad que resultaría al cabo del conflicto bélico. El mundo conocido hasta entonces se tornaba distinto, las fronteras habían cambiado e imperios en otros tiempos fuertes se desvanecieron como fantasmas en el acontecer histórico. Con la guerra, el ritmo de vida se interrumpe pero ésta no se detiene, sino que cambia a otro compás.

Al finalizar la contienda no sólo se tiene un plano político y social diferente, sino que también existe otro tipo de tecnología como resultado de la búsqueda de la supremacía bélica de un país sobre otro. Estos cambios se perciben además de la generalidad de las cosas, en la particularidad cotidiana de los individuos: los medios de transporte son más rápidos y más baratos, las viviendas cuentan con un nuevo concepto de funcionalidad y sobre todo confort, donde los aparatos electrodomésticos facilitan enormemente el trabajo en la casa como nunca antes se había experimentado; aunado a esto, la mujer no se desplaza de los lugares de trabajo que ocupara mientras los hombres estaban en la guerra, sino que se mantiene en ellos e incursiona en campos antes vedados para ella, comenzando a abrirse nuevas posibilidades de desarrollo jamás vislumbradas en otros tiempos. La belle epoque había muerto definitivamente y la modernidad tomaba su lugar.

Esta nueva concepción del mundo daría origen en 1919 al bauhaus cuya finalidad era integrar la arquitectura y las artes plásticas con la tecnología de la producción en masa, dando paso por primera vez al diseño industrial. El trabajo de Walter Gropius y su gente aportó al art decó el concepto de un arte total, donde cada una de las expresiones tenían vida propia que sin embargo confluían en un todo que le daba sentido.

En 1920 el constructivismo aparece y aunque rechaza la decoración y se ciñe a la línea y al plano de la estructura, alimenta al art decó con un efecto estético de relación masa-espacio, en el que la abstracción geométrica resuelve los problemas de diseño.

Todos estos movimientos que surgieron desde la primera mitad del siglo XIX hasta las dos primeras década del siglo XX, son los que poco a poco preparan el camino para el surgimiento de un estilo, que no obstante su eclecticismo tiene una fuerte línea de unidad estética que es la que finalmente caracterizará al art decó.


CONTEXTO HISTÓRICO
La nueva era marcada por el término de la Primera Guerra Mundial va a tener puestos sus ideales en la modernidad, la cual implica para quienes toca vivirla una época en la que el confort es el eje alrededor del que girarán todos los demás aspectos de la vida cotidiana. Por primera vez, tras largos siglos de civilización, la humanidad cosecha los beneficios que el esfuerzo y el trabajo de generaciones anteriores le facilitan para un mejor nivel de existencia. No obstante las secuelas de la guerra, la paz ofrece una nueva oportunidad para todos, donde cada quien tiene la posibilidad de abrirse paso y disfrutar de un status que en otro tiempo le estaba vedado.

El confort al alcance de todos es el motor que hace girar los engranes de la nueva sociedad y es en este ambiente que el art decó surge; primero como la búsqueda de una élite, segundo como un patrimonio de las masas.

El legado que el conflicto bélico deja a esta era es la máquina, la cual se convierte en la piedra filosofal que transmuta todo lo que toca; ésta revoluciona los medios de transporte, la producción industrial e incluso las artes; de ahí que la potencia, la fuerza, la energía y el movimiento se conviertan en iconos que aparecen reiteradamente una y otra vez.

La máquina se apodera de los mares y lujosos trasatlánticos dejan estelas brumosas a su paso; el aire también es conquistado y cientos de personas cruzan los cielos a bordo de enormes dirigibles y aviones. En tierra, el automóvil se extiende por todos los rincones del mundo y los trenes ganan en velocidad y confort, convirtiéndose en lujosos palacios rodantes.

El avance tecnológico provee de nuevos materiales a la industria y productos como la baquelita abren perspectivas jamás soñadas. La perfección en la fabricación y en el manejo del acero y el vidrio, junto con el desarrollo del concreto armado, transforman la construcción de edificios, pudiendo materializarse así cualquier diseño expresado en el papel.

Lo anterior no sólo repercute en la arquitectura, sino también en otras expresiones plásticas como la música, en la que las grandes bandas interpretan ritmos frenéticos a cargo de una luminosa sección de metales que da vida al charleston, el foxtrot, al swing, al dixiland y al jazz entre otros. En el ballet, la Duncan da alas a la imaginación e incorpora elementos que cambiarán para siempre la óptica con que se ve a la danza. El trabajo interdisciplinario de los artistas borra las líneas que separan a un arte de otro, logrando de esta forma un gran aglutinante del ideal estético.

En el cine, una vez más la máquina se impone y desempeña el papel ambivalente de medio y fin; en el primer caso no sólo atrapa el movimiento, sino al sonido también, en el segundo caso, proyecta la estética de la velocidad y da a la máquina un rol protagónico dentro de su discurso visual, como ocurre con Metrópolis y Tiempos modernos. De ser un invento curioso, ha pasado a convertirse en el séptimo arte, lo cual no es raro pues responde perfectamente a las inquietudes del siglo XX.

La velocidad lo envuelve todo y como “el tiempo es oro”, aquello que logre ganarle el paso al cronómetro es de un gran valor. No hay tiempo que desperdiciar por lo que todos los esfuerzos se dirigen al máximo aprovechamiento de éste, ningún intento es fútil, incluso tener el cabello corto en la mujer ayuda porque no se pierde tiempo peinándolo como cuando se usa largo. Las flappers se convierten en el prototipo de la mujer moderna, peinados sencillos y trajes masculinizados por Cocó Chanel les proporcionan la soltura que necesitan para conducirse en el nuevo ámbito laboral. En lo social, la moda impone la estilización de la figura, transmitiendo una elegante aerodinámica que permite el etéreo desplazamiento para las fiestas de coctel. Las tramas metálicas y sobre todo el satén en las confecciones una vez más rinden culto a la máquina.

Símbolo de este eclecticismo es el coctel, invención de la época que sincretiza los anhelos y esperanza de una sociedad instalada en la modernidad. Así como de la mezcla de varios elementos se obtiene una bebida original que resalta las características de sus ingredientes, igual resulta con el art decó, el cual toma lo mejor de varios estilos y los integra en una combinación que lleva a su clímax la expresión de cada elemento. El coctel no sólo ocupa un lugar importante en las fiestas, sino que también alrededor de él se establecen una serie de manifestaciones que marcarán fuertemente al estilo art decó.

Además de los diseños caprichosos de copas y cocteleras, surgen muebles diseñados especialmente para disfrutar esta bebida con los amigos; las barras de cantinas se adentran en el ámbito familiar de las casas y se convierten en una parte esencial de la vivienda igual que la sala o el comedor. Socialmente, estos espacios se constituyen como el ara de un nuevo rito: la hora del coctel, la cual reúne a su grey enfundada en sensuales telas y accesorios que crean una intimidad en multitud. La plática es banal y el ambiente superfluo, pero cosas tan importantes como los negocios y la política son también tema de conversación en estas nuevas liturgias cosmopolitas. Libros enteros sobre cómo preparar cocteles aparecen por todo el mundo y dan a quien domine los secretos de la preparación de un buen martini, la categoría de sumo sacerdote en estas ceremonias.

La conjunción de lo bello con lo útil es la clave alrededor de la cual gira esta sociedad, por lo que no es raro que en esta época donde el discurso visual es tan importante como el contenido, el diseño gráfico encuentre las condiciones adecuadas para madurar y establecerse como un medio de expresión en el que lo plástico y lo comercial no sólo puedan subsistir, sino complementarse sin descrédito para ninguno de los dos. En este sentido el diseño gráfico no sólo invadió los empaques de los productos y los anuncios publicitarios, sino que también desarrolló un nuevo lenguaje a través de la tipografía e imágenes; lenguaje que encontró una de sus más fuertes manifestaciones en la edición de libros. En este ámbito los grandes tirajes contaron con la armoniosa resolución de sus páginas y cubiertas, ofreciendo al público en general ejemplares de alta calidad y belleza.

El interés por las ediciones de lujo manifestado a lo largo de la historia desde la aparición del libro se hizo patente una vez más. Pero a diferencia de otras épocas, la belleza de la encuadernación no sería obra de un artesano, sino la de un artista con todo el reconocimiento que tomaría a las tapas del libro, y en ocasiones el interior de sus páginas, como el vehículo de su creatividad y genialidad. Como ejemplo de lo anterior tenemos a Pierre Legrain, el cual tuvo como mérito no sólo una gran producción de diseños originales que rompieron con la tradición ornamental de libros, sino la inclusión de técnicas ajenas a la encuadernación como las que eran propias de la ebanistería. Esto permitió el uso de materiales novedosos como placas decorativas de madera, esmalte y metal; aplicaciones de marfil, carey, madreperla y piedras preciosas, así como el manejo de pieles exóticas como las de serpiente y tiburón, al igual que el uso de la seda. Estos elementos revolucionaron el concepto de la encuadernación de libros, desarrollando esta actividad a niveles estéticos muy que permitieron vislumbrar al libro como un objeto artístico. Los temas de los diseños giraron en torno a lo geométrico y lo figurativo jugando ampliamente con la tipografía como parte de la composición. Bajo esta misma directriz también destacan las figuras de Robert Bonfils, Francois-Louis Schmied y Paul Bonet.

El descubrimiento de la tumba de Tutankamón por Howard Carter en 1922, es uno de los aspectos que más hondamente repercuten en el art decó. Este descubrimiento no sólo es significativo porque se trata del precursor de la arqueología científica, sino porque también abre una gama de posibilidades estéticas al captar la atención mundial hacia el exotismo de las culturas del África negra además de la egipcia. El hallazgo de una tumba intacta revela la grandiosidad y riqueza de tiempos remotos, despertando en la imaginación de las personas una avidez por el misterio de los secretos que encierran estos testimonios históricos. Al igual que en su tiempo la expedición de Napoleón a Egipto influyó en Francia para que naciera el estilo imperio, del mismo modo este descubrimiento dejó sentir su peso en la cultura del momento.

Antes, los acontecimientos importantes eran tomados por la historia y heredados a generaciones posteriores, ahora con los medios de comunicación en vigencia, los hechos eran conocidos por todo el mundo casi simultáneamente al momento de su desarrollo, por lo que todo el orbe quedó inmerso en la experiencia de este descubrimiento. Importantes dignatarios, intelectuales y figuras relevantes de la sociedad desfilaron por la tumba faraónica; los periódicos y los noticieros cinematográficos difundían no sólo la imagen, sino también la emoción de un suceso sin igual en la historia.

Lo anterior desencadenó un interés en todos los niveles sociales que originaría la fiebre de la tutanmanía, en la que los moldes, principalmente estéticos, se incorporaran a los valores de la cultura contemporánea. Las líneas en greca y los cuerpos geométricos salen también del entierro para tomar su lugar en la arquitectura de los años veinte y treinta. La cobra, el ibis, el halcón, los felinos y el escarabajo real se materializan de nuevo en el diseño de muebles, al cual enriquecen además con sus pieles y plumas. El brillo del oro del tesoro de Tutankamón deslumbra a todos y pronto los joyeros crean piezas que indirecta o descaradamente aludían a ese pasado majestuoso. Por otro lado, los modistos confeccionan suntuosas capas y vestidos que complementan con tocados y pelucas a lo “Cleopatra”.

“La muerte llegará con alas veloces al que toque la tumba del faraón...”,[4] tres semanas después del descubrimiento moría Lord Carnavon.[5] Este fallecimiento y el de otros de los colaboradores del arqueó-logo en circunstancias misteriosas, rodearon de un halo macabro al hallazgo de Carter. Lo misterioso y lo siniestro del caso atrajo la atención de los periodistas y escritores, los cuales dejaron correr ríos de tinta sobre el asunto de la maldición del faraón. Esto resaltaría aún más el interés que despertaba el descubrimiento y pronto la literatura y el cine retomaran el tema y descubrirían un filón de oro que reporta grandes beneficios. A la realización de La momia por los estudios Universal, siguen otras cintas como La mano de la momia y el Regreso de la momia entre otros títulos. En la literatura, además de otros autores, Ágata Christie tiene gran éxito con una serie de novelas que giran alrededor del tema de la arqueología y del exotismo de África y Asia, como por ejemplo; Asesinato en el Expreso de Oriente, Asesinato en Mesopotamia, Poirot en Egipto y Cita con la muerte, las cuales retratan fielmente la atmósfera reinante en la época a la que se ha hecho referencia.

Ese gusto por lo exótico que es un sello inconfundible del art decó, busca perspectivas nunca antes consideradas tan seriamente; una de ellas es el descubrimiento de la América Latina, la cual entra en el panorama mundial por la puerta que le abre la Revolución Mexicana.

Lo latino va a estar rodeado de un aura chic, que tiene como máximo exponente a Rodolfo Valentino, epítome del latin lover que se vuelve el objeto del delirio romántico de las mujeres alrededor del orbe. En el star system hollywoodense brillan además las figuras de Ramón Novaro, Lupe Vélez y Dolores del Río, los cuales no sólo desempeñan papeles protagónicos en las películas, sino que también son objeto de idolatría para aquellos que elaboran argumentos cinematográficos que los enmarcan en una atmósfera exótica que corresponde a su tenor. Ejemplo de ello son las cintas Sangre y arena, Volando a Río, En Caliente y Ramona, entre otras. Lo latino también se infiltra en otros ámbitos del cine y aparece como atmósfera en películas como Los Cocos de los Hermanos Marx o como refinado erotismo en el film de Drácula, donde el cabello negro y envacelinado de Bela Lugosi se convierte en una imagen recurrente en las posteriores interpretaciones de este personaje.[6]

En la música, lo latino también irrumpe y en las fiestas la gente, además de otros ritmos ya mencionados, comienza a moverse en relación al tango, la rumba y la conga.

Se trata pues, en general, de una época de grandes promesas basadas en el desarrollo tecnológico y social; así como también de una era alocada y divertida donde el confort sienta sus reales. Es un mundo en el que todo está al alcance y el cosmopolitismo es la tónica.


CATACTERÍSTICAS
La coexistencia de estilos artísticos de que se habla al principio y la atmósfera social imperante posterior a la Gran Guerra, convergen en una manifestación única que engloba absolutamente todo, desde la línea del pensamiento hasta el más trivial de los aspectos de la vida cotidiana, como la elaboración de gelatinas, por ejemplo. El hilo conductor de las aspiraciones de esta época fue expresado a través del art decó, el cual constituye una etiqueta estilística semejante a como lo fueron el Renacimiento y el Neoclasicismo en su tiempo.

En el discurso estético del art decó se encuentran elementos lineales de gran fuerza, que adoptan tanto la forma geométrica como la vegetal o la animal. La línea recta se convierte en el tema principal de su composición, pero sin llegar a la rigidez de lo estático, ya que por el contrario, cobra movimiento y se descompone en líneas quebradas de ángulos agudos como el zigzag o en líneas quebradas en ángulos rectos al modo de la greca. La línea también tomará el camino de la curva, pero apega-da fielmente a la simetría, lo que la aleja de la sinuosidad del trazo del art noveau y la acerca más a la “cuadratura del círculo”, que se manifiesta ampliamente en el uso de los octágonos como elementos preponderantes en la composición artística.

Inmerso en la era de la máquina, este estilo hace constante referencia a ella, por lo que del mismo modo aparecen engranes y émbolos, que coches, aviones y trasatlánticos, ya sea como motivos ornamentales o como ejes del diseño total. Las líneas no solamente dan contorno a estos elementos tangibles, sino que además proyectan conceptos más abstractos como la energía y el movimiento a modo de un lenguaje visual semejante al del cómic, donde el zigzag simboliza descargas eléctricas, al igual que la repetición de curvas simula la expansión del sonido y movimiento.

La máquina también está presente en el manejo de los metales, los cuales no sólo aparecen en la construcción, sino también en objetos tan diversos como los muebles, utensilios domésticos, joyería, etc. El bronce, el acero, el estaño y el aluminio, así como la plata y el oro son intérpretes de primer orden en la apología mecánica. Se utilizan indistintamente solos o combinados, pero destacando siempre sus propiedades confiriendo en muchos casos un rol protagónico al brillo de su superficie pulida, el cual en contraste con el color de los otros materiales empleados en este estilo, crea un efecto armonioso de amplio espectro.

El concreto,[7] el vidrio, la piedra, la baquelita y el mármol son los otros copartícipes de la materialización plástica del art decó, al cual confieren la sobriedad y monumentalidad que le son propias. El brillo y la pureza de los materiales crean una atmósfera aséptica que lejos de causar una frialdad hostil, propicia un ambiente higiénico y lumínico en donde se puede alcanzar la modernidad.

Este marco encapsula a la figura humana en un ideal estético de fuerza, vigor, aerodinámica y salud, otorgando al cuerpo el status de metamáquina. Las formas masculinas adquieren un rigor pétreo como expresión de su virilidad, la cual será representada por obreros, deportistas y atlantes. Por otro lado, la figura femenina adopta gráciles líneas que sustenten la libertad de movimiento y pensamiento que ha adquirido con la emancipación femenina, símbolo inequívoco de su ingreso a una nueva era.

La adoración por la máquina y la velocidad también se extienden al campo de la fauna, por lo que galgos y garzas ocupan un nuevo lugar en el ámbito de las mascotas. En cuanto al diseño en general, éstos también tienen una importante presencia, al igual que los venados, panteras, peces y águilas. En resumen, los parámetros estéticos para los animales contemplan fuerza, rapidez y cierto exotismo.

El gusto por la simetría encuentra en los girasoles, helechos, palmeras y cactus, las formas ideales para reproducir fielmente o en sentido figurado el modelo.

Otro elemento que aparece constantemente es el agua, el cual está cargado de un carácter ciertamente disciplinado pues las ondas que lo representan son siempre simétricas, cuando no es que está encausado por el sistema organizador de una fuente, icono persistente en el art decó. Las nubes y el sol también tienen una carga lineal que da nitidez paradójicamente a su amorfismo natural.

Atrapado en dos décadas, el art decó tiene del mismo modo dos fases que conviven en contraposición, pero estrechamente ligadas entre sí. Los años veinte se caracterizan por una conciliación de diferentes corrientes que son las que le dan unidad, destacando en esta etapa la ornamentación sobre la estructura. En los años treinta poco a poco gana lugar una tendencia utilitaria que predomina sobre la decoración, hasta dar paso al funcionalismo; estilo antagonista que paradójicamente forma parte importante del art decó en sus principios.

Esta ambivalencia es la causante de que el art decó se mueva continuamente entre dos extremos. Por un lado, es un estilo elitista, por el otro, busca llegar a las grandes masas. En un sentido es monumental y público, en otro es íntimo y privado. En ocasiones utiliza maderas y metales preciosos, mientras que en otras se vale del aluminio y del plástico. Hay un ideal decorativo, pero con un trasfondo que persigue la funcionalidad. En síntesis se trata de un estilo cargado de dicotomía, en el que las fuerzas actuantes crean una dinámica paradójicamente de congruencia.


LA INTERPRETACIÓN PLÁSTICA DE UN IDEAL

El pragmatismo de los artistas alemanes, los colocó a la cabeza de otros creadores en el campo del diseño, gracias a su lograda interacción del arte con la tecnología industrial que respondía a la búsqueda que se venía planteando desde el arts and crafts. Esta situación provoca una atmósfera de competencia en la que lo más importante era superar este escollo y a modo de orgullo nacional, da a conocer las propuestas que cada país tenía al respecto. Bajo este marco, los artistas franceses se preocupan de recuperar el liderazgo que en otras épocas les había caracterizado, por lo que poniendo toda su experiencia y creatividad en juego, se lanzan a la concepción de un estilo contemporáneo con sello propio basado en una rica tradición de maestría artesanal.

La Olimpíada de París de 1924 preparó el terreno para un intercambio algo más que deportivo, por lo que en 1925 se llevó a cabo en la capital de Francia la Exposition Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Modernes. El espacio del Grand Palais fue el escenario ideal para albergar la muestra, ya que no sólo ofrecía una amplia área para la exposición, sino que también su céntrica ubicación permitía prolongar la feria más allá de su perímetro y llevarla así al ámbito citadino.

Lo representado abarcaba desde objetos de mínimo volumen como la joyería, hasta concepciones urbanísticas, que englobando en todas sus manifestaciones los divergentes movimientos artísticos que imperaban en ese momento, daban un panorama bastante amplio sobre lo que ocurría no sólo en Europa, sino en todo el mundo.

Además del avance tecnológico que se había alcanzado, la movilidad social resultante de la guerra, dio lugar a un nuevo grupo de capitalistas que buscando reivindicar el origen mercenario de sus fortunas, patrocinaron el trabajo de los creadores, deviniendo de esta unión obras de gran modernidad y lujo que satisfacían las aspiraciones de esta clase, la cual además veía en la producción en masa, la forma de conservar y acrecentar su riqueza de un modo aceptable que le confiriera la dignidad de que gozaban los rancios abolengos. Debido a lo anterior el papel protagónico en el mecenazgo lo tuvieron los industriales, comerciantes, modistos y diseñadores de gran calibre.

Junto a los pabellones de cada país destacaban también las boutiques, restaurantes, salones de baile y de té, galerías, foros y almacenes, que en su conjunto hacían gala de un sentido ornamental en menor o mayor profusión. Había una gran apertura y todo era admisible, siempre y cuando cumpliera con “presentar los últimos adelantos en materia de industria y decoración, destacando absolutamente todo aquello reminiscente de estilos pasados o copias del estilo ya clásico.”[8] Estos principios a groso modo serían los que darían orden al caos, definiendo así un estilo y una época.

En el seno de esta misma exposición, germina también su contraparte: el funcionalismo. La presencia de Le Corbusier y de Amedée Ozenfant con su pabellón del Espíritu Nuevo, es un gran golpe a la filosofía de la organización de la Feria al tomar como estandarte el purismo de la forma. La ambivalencia entre decoración y utilidad, característica del art decó, terminaría por resolverse a favor de esta última y con ello llega el fin del estilo cuya principal característica es el afán ornamental, dando paso al funcionalismo en pleno.

La exposición del 25 y su influencia en el arte convierten a Francia en la cuna del art decó y por lo tanto en el arbiter elegantorum que dictaba la pauta a seguir. Esta condición lleva a los Estados Unidos a buscar un acercamiento a la propuesta del país galo, por lo que en 1926 llega a Nueva York, a través del Museo de Artes Decorativas de París, una muestra de lo más selecto de la exposición de 1925. Las piezas recorren los museos más importantes de la tierra del Tío Sam y causarían gran impacto en el mundo intelectual y el pueblo en general.

El sentido práctico de los estadounidenses y su ingenio en la mecánica encuentran cauce en la estética del art decó, siendo la construcción de rascacielos uno de los ejemplos más ricos que se pueden encontrar en este estilo. El dominio de la técnica y los avances en la edificación, además de un privilegiado apogeo económico, permiten que se lleven a la realidad los proyectos más ambiciosos, donde el art decó se manifiesta desde la arquitectura hasta el diseño de mobiliario y accesorios, que en conjunto dan a los rascacielos una unidad estilística total que materializa los ideales buscados por los artistas de esta época.

De la fastuosidad de los años veinte, se pasa a la moderación de los treinta, marcados por las consecuencias del crash bursátil. Para muchos, la crisis del 29 significó el fin de este estilo, pero para otros es precisamente cuando la dicotomía entre decoración sobre función sigue por el camino de esta última en la búsqueda de minimizar recursos y dinero tan escasos en esa época. Esta actitud lleva poco a poco al predominio de la forma sobre la decoración, lo que propicia que los ideales del art decó decaigan hacia los inicios de la Segunda Guerra Mundial, en beneficio de un utilitarismo total que garantice la optimización de esfuerzos y que de la supremacía de un país sobre otro; es en esta atmósfera que el funcionalismo se magnifica y sienta las bases que lo convierten en la gran influencia que repercute en la arquitectura y en el diseño de la segunda mitad del siglo XX.

Es por todo lo anterior, que se ubica al art decó en el lapso transcurrido en el intermedio de las dos guerras mundiales. Sin embargo su influencia traspasa esta barrera cronológica y llega hasta nuestros días, a tal grado que en 1966 en París, se lleva a cabo una visión retrospectiva del suceso artístico y cultural que representa la Exposition Internationale des Arts Décoratifs et Industrieles Modernes.

Les Annés 25 fue el nombre de la muestra y es en ella, a la distancia en el tiempo, que se revalora y recapacita sobre la verdadera dimensión de este estilo. La objetividad que da la lejanía de los acontecimientos permite completar un episodio que no estaba terminado y que consiste precisamente en dar categoría nominal al art decó.

Durante su momento histórico y debido a la conciliación de corrientes que se da en este estilo, las referencias a él son igualmente numerosas, lo mismo se habla de jazz modern, functional, zigzag modern, modernistic, streamline, machine style, skyscraper style que del estilo trasatlántico, the modern, egyptian moderne-style, aztec airways o art moderne. Múltiples son en verdad pero todas ellas apuntan a una esencia que está más allá de toda clasificación.

Independiente a cualquier etiqueta, el estilo se desarrolla consistentemente, pero es hasta después de la exposición de 1966 que la historia del arte lo registra como art decó, breve denominación que sintetiza el espíritu que dio a conocer la Feria Internacional de París en 1925.

A partir de esta toma de conciencia, el art decó conoce una etapa de auge evocativo que a su vez enriquece los movimientos artísticos de las cuatro últimas décadas del siglo XX, como por ejemplo el art pop, donde Roy Lichtenstein retoma los elementos lineales característicos del estilo y los incorpora al lenguaje visual de su obra, considerando al art decó como la primera manifestación del comic que se da en este siglo. Siguiendo por esta misma pauta se pueden encontrar otros casos como el del personaje de Batman, el cual desde su surgimiento en los años treinta,[9] tiene una imagen que se adaptará a diferentes discursos estéticos hasta regresar a sus orígenes pero con un aire fresco como el que presenta en la actualidad, donde se simplifica el dibujo y los personajes son trazados a base de rígidas líneas en lo que se ha dado por llamar el dark decó.

En los desafortunados casos donde la evocación decó topó con la mediocridad creativa, aparecen los intentos de restauración de ciertas edificaciones de la época, las cuales son agredidas con colores de tonalidad pastel que esconden su regia personalidad y vigoroso estilo tras una superficie de amaneramiento decadente como sucede en Miami, situación que ha dado lugar a la aberración del llamado “Tropical decó”.

A pesar de que las condiciones que dan origen al art decó ya no existen, se siguen produciendo obras dentro de este estilo, aunque impregnadas en la mayoría de los casos de un abastardamiento de las formas. Esta presencia contemporánea que tiene puntos de encuentro con el original y que a su vez tiene elementos que lo alejan diametralmente de él, puede traducirse en un estilo artificial que podría calificarse como neo decó, que además de no llegar a la esplendidez del auténtico, tampoco logra aportar nada a su momento histórico y sí en varias ocasiones desacredita al primero.

No obstante lo anterior, la riqueza del art decó y la contribución que aportó a la cultura de su momento es algo que no está a discusión en el juicio que hace la historia sobre este siglo, ya que más allá de su ubicación en los años veinte y treinta, la esfera de su influencia traspasa las limitantes cronológicas.

El acercamiento objetivo y disciplinado sobre este movimiento es una de las formas que tenemos para comprender nuestra propia realidad y es, en este sentido, que la bibliografía a través del análisis y registro de las fuentes que existen sobre el art decó, constituye unos de los medios más eficaces para su reinterpretación y revaloración en el ámbito de la cultura contemporánea, ya que ofrece una visión a través de la cual podemos acercarnos a lo que fue y sigue representando este estilo.


OBRAS CONSULTADAS
Art decó : pintura y diseño.— Madrid : EDIMAT, 1999.— 64 p.

DUNCAN, Alastair. Muebles art decó : los diseñadores franceses.— España : Stylos, 1986.— 183 p.

ESQUEDA, Xavier. El art decó : retrato de una época.— México : UNAM. Centro de Investigaciones y Servicios Museológicos, 1986.— 150 p.

HEIDE, Robert y John Gilman. Popular art deco : depression era style and design.— New York : Abbeville Press, 1991.— 228 p.

Historia del arte Salvat.— Barcelona : Salvat, 1976.— v. 10.

Inventos que cambiaron el mundo : el genio práctico del hombre a través de los tiempos.— México : Selecciones del Reader’s Digest, 1983.— 368 p.

KLEIN, Dan. Art deco / Photograhps by Angelo Hornak.—London : Treasure Press, 1984.—71 p.

LOZANO FUENTES, José Manuel. Historia de la cultura.— México : CECSA, 1998.— 443 p.

MENTEN, Theodore. Adversiting art in the art deco style.— New York : Dover, 1975.— ca. 180 p.

-------------------- The art deco style : in household objects, architecture, sculpture….— New York : Dover, 1972.— 182 p.

Saber ver : futurismo.— No. 32 (Ene./Feb. 1997)

STOKER, Bram. Drácula.— Barcelona : Plaza y Janés, 1980.— 458 p.

Somos : edición especial Dolores del Río.—Año 5, no. 111 (Ene. 1995)

UNDERWOOD, Peter. Más allá de lo oculto.— España : Martínez Roca, 1977.— 191 p.— (La imposible verdad ; 1)

WEBER, Eva. Art decó.— Madrid : Libsa, 1993.—111 p.[i]



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[1]Capital económica de Escocia por su actividad comercial, financiera e industrial.

[2]Esta posición ideológica es la que lleva a considerar a Mackintosh como uno de los precursores del racionalismo.

[3]Cofradía de albañiles surgida aproximadamente en el s. VIII, en la que sus integrantes eran iniciados en los secretos esotéricos de la construcción de catedrales.

[4]Inscripción hallada en la tumba de Tutankamón. Peter Underwood. Más allá de lo oculto, p. 52.

[5]Patrocinador de la expedición de Howard Carter. Al morir se apagaron todas las luces del Cairo, y al mismo tiempo su perro moría aullando en Inglaterra. Al examinar la momia de Tutankamón se descubrió que tenía una herida en la mejilla izquierda, igual que la que se hizo Lord Carnavon al afeitarse y que provocó su muerte cuando se le infectó.

[6]En su libro, Bram Stoker lo describe como un hombre anciano de bigote blanquecino, pálido de tez, nariz aguileña, frente amplia, cejas gruesas, pelo ralo en la sien y abultado en la cabeza, mejillas enjutas, orejas puntiagudas, mentón ancho y boca cruel de labios rojos, dientes blancos y colmillos afilados.

[7]La combinación del cemento y un alma de acero estructural permite moldear todo a voluntad, con un alto grado de soporte a la tensión y a la comprensión.

[8]Xavier Esqueda en su Retrato de una época, pp. 66-67.

[9]Aunque Bob Kane crea a su personaje hacia 1939, las características del mismo las retoma de otro héroe de ficción llamado La Sombra, el cual confiere a Batman un abolengo netamente decó.

 
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